Oriente Medio: galería de monstruos protegidos

La última carnicería israelí en Gaza, la farsa de las elecciones presidenciales egipcias y la tragedia humanitaria en Yemen vinculan a sus responsables con la protección de gobiernos blindados, regímenes subsidiarios y suministradores de productos básicos en Oriente Medio.

PALESTINA, LA ÚLTIMA CATÁSTROFE

Al actual gobierno extremista israelí le parece muy adecuado que el Ejército utilizara fuego real para dispersar una manifestación en uno de los enclaves más calientes de la franja de Gaza. Con el pretexto de la supuesta filtración de elementos armados de Hamas, la fusilada dejó un reguero de docena y media de muertos y algo tan o más lacerante: la humillación que provoca la impunidad (1).

Europa y la ONU piden una investigación, pero la respuesta oficial israelí ha sido más desdeñosa de lo habitual. La diplomacia de la UE está resignada al papel que corresponde a las potencias continentales: pagar gran parte de las facturas del pseudo estado palestino y esperar a que el primo de Washington arregle el interminable conflicto.

No corren tiempos venturosos precisamente. La actual administración se entrega a una retórica de respaldo sin matices a Israel, promete regalos que se saltan líneas rojas (como el reconocimiento de la capitalidad en Jerusalén) y extiende carta blanca a todos los excesos. Europa sabe que con Trump poco se puede hacer (2).

La hipocresía de la Casa Blanca sólo es superada por la imprudencia de su principal inquilino. La embajadora Haley se rasgó las vestiduras con la represión de las manifestaciones iraníes en diciembre pasado, que se saldó con un número de víctimas sensiblemente menor, pero ahora se hace la sueca con la masacre del 30 de marzo en Gaza. El Consejero de Seguridad in pectore, bigote de morsa Bolton, está destrozando desde bambalinas el acuerdo nuclear con Teherán antes de la temida revisión de seguimiento. Para regocijo de Netanyahu, un primer ministro acosado judicialmente por corrupción y tráfico de influencias. Y para alarma de Europa, que no está dispuesta a malbaratar muchos años de trabajo.

Esta imprevisible administración norteamericana alimenta con iniciativas erráticas el principal monstruo de la galería regional: la deriva extremista y autoritaria de un Estado israelí que cada día se aleja más del proyecto igualitario y progresista de sus orígenes.

Tras el fracaso del experimento nasserista, Egipto se convirtió en el pivote del acatamiento árabe a la estrategia norteamericana

TEMBLOR EN LAS PIRÁMIDES

El segundo monstruo preferido del orden occidente en Oriente Medio anida en tierra de faraones. Tras el fracaso del experimento nasserista, Egipto se convirtió en el pivote del acatamiento árabe a la estrategia norteamericana.

Sadat protagonizó el cambio histórico rompiendo con una URSS en decadencia, hizo el viaje iniciático a Jerusalén, firmó la paz con el enemigo irreconciliable, soportó un rechazo vocinglero pero inoperante de sus hermanos árabes y asumió el libreto norteamericano. Su asesinato marcó el inicio de un nuevo desafío mucho más inquietante, el del integrismo islamista. Mubarak, prosaico y en absoluto visionario, hizo más ricos a los que ya lo eran y administró la herencia con la contrapartida ventajosa de la impunidad ante robos, atropellos y crímenes. Hasta que se produjo la primavera árabe, y Obama admitió que en la tierra del poder divinizado por excelencia podía y debía haber cambios promovidos desde abajo.

El islamismo moderado y conservador emergió del caos de la protesta, ante el regocijo secreto de las tres pirámides del poder egipcio moderno: el ejército, el aparato burocrático y de seguridad y la élite socioeconómica. El general Al-Sisi fue el escogido para estabilizar las cosas, es decir, para colocar a cada cual en el sitio que le corresponde. Los militares, como interpretes máximos del destino de la nación; los ricos, recuperando ganancias sin estorbos; la burocracia de despacho y sótano, cercenando cualquier atisbo de protesta; los islamistas, en la cárcel, el exilio o la clandestinidad; y el pueblo, en la miseria y desesperanza.

El monstruo Al-Sisi es tan ambicioso o más que sus predecesores. Pero tiene más patronos bajo los que protegerse. Trump le ha reservado un lugar de privilegio en su galería de autócratas predilectos. Putin ha olvidado la ruptura egipcia con el Kremlin y trata al actual faraón con lucrativa consideración (3). El gran patrón saudí le garantiza liquidez para aplacar los apretones económicos y las angustias sociales más preocupantes, aunque sea a cambio de regalos territoriales que provocan malestar en las salas de banderas.

Al Sisi acaba de ser reelegido en una farsa electoral sonrojante. Ha obtenido el 97% en unos comicios sin adversario, o, para ser exactos, con un único contrincante que bien pudiera ser calificado como filial del mega-candidato o marca blanca del régimen. La participación no ha superado el 40%, una cifra escuálida para las pretensiones del general-presidente.

El liderazgo de Al-Sisi, sin embargo, no es indiscutido. Por mucho que sea uno de los suyos, los propios militares empiezan a preguntarse si es rentable seguir respaldando las maneras represivas de su general-presidente. La clave de su permanencia en el poder reside en dos factores: el desafío islamista en el Sinaí y las condiciones de vida de la población. Si no hay pronto resultados positivos en estas dos áreas, la suerte de Al-Sisi estará echada (4). De momento, el faraón se siente fuerte para purgar las fuerzas armadas de quienes se resisten a su autoridad, lo que incluye a su propio consuegro(5).

LA IMPACIENCIA DEL AMBICIOSO HEREDERO

El tercer monstruo de la galería occidental se presenta con libro de familia. La Casa Saud está de reformas. Por primera vez desde el inicio de la dinastía, el Rey es una pieza decorativa, la generación que espera su turno toma las riendas desde la antesala del Trono y el consenso familiar salta en pedazos. El impaciente hijo del rey, Mohamed Bin Salman (MBS para los amigos de Occidente), hace y deshace, encarcela en jaulas de oro a primos, sobrinos y magnates, insinúa medidas “feministas”, anuncia planes de activación económica a quince años vista y se pasea por salones y gabinetes occidentales predicando su buena nueva

Pero la gran losa del mega-heredero es su responsabilidad en la guerra de Yemen, que no pocos observadores imparciales califican ya abiertamente de “crimen de guerra”. El martirio de la población civil es salvaje. Pretextando la artera estrategia de desestabilización de Irán, con el apoyo a sus protegidos huthies, los saudíes han hecho barbaridades sin cuento. Tres de cada cuatro habitantes necesitan ayuda humanitaria urgente. No hay agua corriente. El cólera amenaza. Cada diez minutos muere un niño menor de cinco años por causas evitables, como ha denunciado el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres (6).

Obama quiso poner freno a la carnicería, pero las relaciones entre Washington y Riad, debido al dossier iraní, no propiciaban una entente decente en Yemen. Trump, encantado con estas hazañas bélicas miserables, ha otorgado carta blanca al príncipe impaciente, para escándalo de las personas con conciencia. Ya se sabe que los negocios privados del hotelero-presidente y su familia planean sobre su “política exterior” (7).

Los monstruos de la galería occidental en Oriente Medio ya no son tan controlables. Se han ganado márgenes considerables de maniobra. Y en el desconcierto regional imperante, aspiran a que su tutor ejerza la menor presión posible.

Por: Juan Antonio Sacaluga

Juan Antonio Sacaluga


NOTAS

(1) “Dans le band de Gaza, la marche du désespoir des Palestiniens”. LE MONDE, 31 de marzo.
(2) “Israel rejects UN an UE calls to inquiry into Gaza bloodshed”. THE GUARDIAN, 1 de abril.
(3) “The arc of the Egypt history is flat, and it bends towards autocracy”. STEVE COOK. FOREIGN POLICY, 30 de marzo.
(4) “Egypt’s Sham Election”. ANDREW MILLER y AMY HAWTHORNE. FOREIGN AFFAIRS, 23 de marzo.
(5) “Egypt’s Election should be a lock. So, why is President Sisi worried”. NEW YORK TIMES, 23 de marzo.
(6) “The Yemen war is the world’s worst humanitarian crisis”. CNN, 3 de abril.
(7) “Saudi crown prince’s Washington visit is overshadowed by the war in Yemen”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 21 de marzo.

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