Maquinaria de deportaciones de Trump no tiene misericordia

Mientras la mayoría de los estadounidenses protesta por la separación de niños en la frontera; ICE, continúa con la deportación de inmigrantes, que solicitaron asilo y llevan viviendo en EE.UU. por muchos años.

Rodeada de decenas de manifestantes que la apoyan, Marta acudió a su cita con autoridades migratorias en Baltimore, con la incertidumbre de no saber si le permitirán quedarse en el país.

Marta vive diez años en Maryland, cada año se ha presentado a sus citas con inmigración, pero en marzo de este año le dijeron que debe irse y volviera a la siguiente cita, con sus boletos de avión. Gracias a la presión de activistas y legisladores, se le extendió un plazo de dos meses, para revisar su caso.

Nelson es un “Soñador” de origen centroafricano a cuyo padre se le negó una solicitud de asilo y por lo tanto, su situación migratoria también está en manos de ICE (siglas inglesas de Immigration and Customs Enforcement).

Para miles de inmigrantes, comparecer a su cita con autoridades migratorias, se ha convertido en el Vía Crucis de nuestro tiempo, como consecuencia de la política racista e intolerante de la Administración Trump.

A Marta le dieron a elegir entre comprar su boleto de retorno a Honduras o permanecer detenida hasta ser deportada. A Nelson lo dejaron en libertad, debe presentarse en una nueva cita el mes de enero.

Desde el inicio de su campaña electoral para llegar a la Casa Blanca, Trump cargó contra los inmigrantes, en especial los provenientes desde países latinoamericanos, y prometió cerrar los 3000 kilómetros de frontera que separa a EE.UU. de México con un muro que, según él, detendrá la llegada de indocumentados, a los que llamó “criminales y violadores”.

En mayo, Trump comenzó a implementar la política denominada “Tolerancia Cero”, por la que los niños de inmigrantes que ingresaban de manera irregular a Estados Unidos quedaban separados de sus padres recluidos.

No obstante, el mandatario estadounidense decidió revocar su iniciativa después de que fuera blanco de profundas críticas, empero, todavía no queda claro cómo y cuándo el Gobierno de Washington reunirá a los miles de menores con sus familiares, en su mayoría centroamericanos, que permanecen en albergues.

“En este momento, como comunidad y como país, debemos permanecer unidos contra este asalto. No podemos permitir que prevalezcan, debemos alzar nuestras voces”, recalcó Murguía.

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