El secretario general de la ONU habla de ‘’catástrofe’’ y ‘’limpieza étnica’’ en Myanmar

Naciones Unidas ha pedido aumentar ‘’masivamente’’ la ayuda a los refugiados rohinyá: son ya al menos 400.000 los que han huido de la persecución étnica en Myanmar hacia Bangladesh, un país sobrepasado por esta avalancha humana.

Durante una conferencia de prensa celebrada el miércoles, el secretario general de las Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, calificó de “catastrófica” la situación humanitaria en Myanmar (la antigua Birmania) que ha provocado la huida de cientos de miles de refugiados de la minoría rohinyá al vecino Bangladesh, y urgió a las autoridades birmanas a poner fin a la violencia.

“Hago un llamamiento a las autoridades de Myanmar a que suspendan las actividades militares y la violencia y respeten el Estado de derecho”, dijo Guterres, quien describió los informes que afirman que las fuerzas de seguridad birmanas disparan contra los civiles rohinyá que huyen de sus hogares como “completamente inaceptables”.

Al ser preguntado si lo que está ocurriendo con la minoría musulmana rohinyá en Myanmar puede ser definido como una limpieza étnica, el secretario general de la ONU respondió: “Cuando un tercio de la población rohinyá (de Myanmar) ha huido del país, ¿puede usted encontrar una palabra mejor para describirlo?”, se preguntó Guterres, quien pidió además a todos los países que contribuyan con ayuda humanitaria para atender a los cientos de miles de refugiados rohinyá que han huido de la violencia y la persecución en el Estado de Rakáin, situado al noroeste de Myanmar y fronterizo con Bangladesh.

Naciones Unidas pide aumentar ‘’masivamente’’ la ayuda a los rohinyá

Precisamente el miércoles un destacado funcionario de la agencia de refugiados de la ONU (ACNUR) pidió a las agencias humanitarias de todo el mundo que incrementen de forma “masiva” sus operaciones para lidiar con el flujo de 400.000 refugiados rohinyá que han huido de la violencia en Myanmar, principalmente al vecino Bangladesh.

“Todos tenemos que aumentar nuestra respuesta de forma masiva, desde alimentos hasta alojamiento”, declaró George William Okoth-Obbo, asistente para Operaciones del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.

La ONU ha anunciado ya que todas las opciones para acoger a la enorme oleada de refugiados que huyen de Myanmar están sobre la mesa, incluyendo la posibilidad de trasladarlos a una isla, tal y como ha propuesto el gobierno de Bangladesh, un país que ya acogía desde hacía tres décadas a 300.000 refugiados rohinyá, y que ahora se ve superado económica y logísticamente por esta nueva avalancha de personas.

El lunes el Alto Representante de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, definió la situación en Myanmar como “un ejemplo de libro de lo que es una limpieza étnica”; Hussein se mostró especialmente asombrado de saber que Myanmar ha comenzado a plantar minas antipersona a lo largo de su frontera con Bangladesh para impedir que los rohinyá que han escapado a ese país puedan regresar.

 

“Hemos recibido numerosos informes e imágenes de satélite de las fuerzas de seguridad (birmanas) y milicias locales quemando aldeas rohinyá, además de informaciones consistentes sobre asesinatos extrajudiciales, que incluyen disparar contra civiles que huían (de sus hogares)”, afirmó Hussein.

La grave situación den Myanmar ha hecho que la líder birmana Aung San Suu Kyi –premio Nobel de la Paz en 1991- se haya visto obligada a cancelar sus planes para asistir a la Asamblea General de la ONU que se inauguró el martes en Nueva York, y que se prolongará hasta el 25 de septiembre.

Aunque oficialmente el gobierno birmano ha excusado la ausencia de Suu Kyi por la situación de seguridad en Myanmar, lo cierto es que de asistir a la asamblea anual de Naciones Unidas, la líder birmana se habría tenido que enfrentar a un aluvión de duras críticas y reproches por su falta total de acción ante la violencia de las fuerzas de seguridad y las milicias de la mayoría budista del país contra los musulmanes rohinyá.

Bangladesh acusó la semana pasada a su vecino Myanmar de haber asesinado al menos a 3.000 civiles rohinyá desatando la huida masiva de esta minoría hacia su frontera, desde que el 25 de agosto las autoridades birmanas pusieran en marcha las definidas como “operaciones de limpieza” contra insurgentes musulmanes en la región.

Aunque el gobierno birmano acusa a los rohinyá de desatar la violencia y prender fuego a sus propias casas, lo cierto es que Naciones Unidas y el propio gobierno de Bangladesh ha documentado numerosos testimonios de refugiados que hablan de soldados disparando indiscriminadamente contra civiles y obligándoles a marcharse de sus hogares.

Los rohinyá son una minoría que profesa el Islam y que desde hace siglos ha habitado el Estado de Rakáin en Myammar, un país que sin embargo ni siquiera los reconoce como ciudadanos propios y les niega sus derechos más básicos. En los últimos años los conflictos interétnicos y especialmente los ataques de la mayoría budista del país han agravado la ya delicada situación de los rohinyá en Myamar, sobre todo desde un brote de violencia en junio de 2012 instigado por el llamado movimiento 969, liderado por el monje budista Ashin Wirathu.

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