Agresión a Yemen es un sangriento juego geopolítico llevado a cabo por la triada Washington-Tel Aviv-Riad: Pablo Jofre Leal

Agresión a Yemen es sangriento juego geopolítico llevado a cabo por la triada Washington-Tel Aviv-Riad: Pablo Jofre Leal

Desde el 26 de marzo de 2015, el país más rico del mundo árabe bombardea hasta dejar en ruinas al Estado más pobre de esa región. Todo esto, ante la mirada desinteresada de la opinión pública mundial. Pero Arabia Saudita no hace esto solo: lidera una coalición de nueve países que es logísticamente apoyada por Estados Unidos y Reino Unido.

La dimensión del sufrimiento de los 25 millones de habitantes del país es enorme. Más de 10.000 personas han muerto, 15 millones dependen de la ayuda humanitaria, 3 millones han debido migrar dentro del mismo país y 1,5 millones de niños están desnutridos, de los cuales 400.000 sufren una fuerte desnutrición que pone en riesgo sus vidas. La infraestructura ha sido destruida en amplias áreas del país, y los hospitales, escuelas y centros de acogida a refugiados han sido blanco de las bombas.

La habitualmente categórica condena internacional ante este tipo de situaciones ha sido, en el caso de Yemen, apenas un inaudible murmullo. En realidad, el mundo parece mirar hacia otro lado. Por ejemplo, cuando Arabia Saudita utiliza bombas de racimo prohibidas en todo el mundo. O cuando -como en junio- el reino saudita extorsiona a Naciones Unidas, amenazando con retirar fondos si no se la elimina de la “lista de la vergüenza” donde figuran los países u organizaciones que reclutan niños soldados o matan a menores de edad. Previamente, un informe de la ONU había revelado que un 60 por ciento de los niños muertos en Yemen había perecido por la acción de la coalición militar. O cuando Arabia Saudita aprovecha su puesto en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para evitar investigaciones a las violaciones cometidas en Yemen.

Truth NGO  organizó una entrevista con el Sr. Pablo Jofre Leal para discutir este tema. Él es Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Actualmente está concluyendo su libro sobre la Lucha del Pueblo saharaui y su proceso de autodeterminación y otro sobre la lucha del pueblo palestino.

 

 

  1. La agresión militar Saudita en Yemen comenzó en los primeros meses de 2015 y continua todavía a la sombra del silencio de la comunidad internacional y los países que pretenden proteger los Derechos Humanos, en su opinión qué es la estrategia de afrontamiento con las interpretaciones duales del Occidente ante las cuestiones tales como Derechos Humanos y Terrorismo?

La agresión de Arabia Saudita, secundado en ello por la complicidad de algunas Monarquías Ribereñas del Golfo Pérsico y algunas otras naciones árabes, por más que se pretendiera darle cierta legalidad tras la Cumbre de la Liga Árabe de los días 28 y 29 de marzo del año 2015 en Egipto, son violatorias del derecho internacional.

Una agresión que no contado con la fuerza de los organismos internacionales de  condena que impida seguir con estos asesinatos. Agresión que ha demostrado en estos casi dos años que jamás estuvo en la mente de los países agresores – especialmente la Casa al Saud – restaurar el gobierno ilegítimo de Mansur Hadi, sino que influir: primero sobre lo que fueron las negociaciones que se llevaron a cabo entre la República islámica de Irán y el denominado G5+1  en el tema nuclear iraní. Segundo. Sacar del centro de la noticia la ineficacia de las operaciones militares de la llamada Coalición Internacional Contra EIIL – Daesh en árabe – tanto en Siria como en Irak (donde la monarquía Wahabita es el principal responsable en el surgimiento y desarrollo de las bandas takfirí)  y en tercer lugar, continuar en los intentos de cercar a Irán y hacerla responsable de los problemas que aquejan a Oriente Medio.

Para entender el por qué Washington y sus socios occidentales hacen la vista gorda a las violaciones a los derechos humanos con la población yemení hay que entenderla en el marco de complicidad y protección con la corrupta monarquía wahabita. La Casa al Saud es el principal cliente – junto a sus socios de las monarquías Feudales del Golfo Pérsico – en la compra de armas. Son parte del sangriento juego geopolítico llevado a cabo por la triada Washington-Tel Aviv-Riad que suelen pretender influir y delinear sobre, en el seno de los organismos internacionales sobre lo que se debe o no condenar, a qué gobiernos por más totalitarios que estos sean se deben defender bajo la excusa del respeto a la legalidad y, sobre todo, seguir creando condiciones que permitan mantener una hegemonía desde el Magreb a Oriente Medio, que se desmorona día a día y que se mantiene en pie gracias a la muerte de decenas de miles de sirios, palestinos, yemeníes, iraquíes, bahreiníes y libios.

Un ejemplo de ello lo constituye la propia declaración del Secretario general de las naciones Unidas, Ban Ki moon quien reconoció que debido a las presiones de la Monarquía Saudí y las amenazas de quitar el apoyo económico al organismo internacional, sacó del listado de países violadores de los derechos humanos a la monarquía saudí a pesar que el informe de ese organismo internacional situaba a este país como el principal responsable de la muerte de cientos de niños en la guerra de agresión contra Yemen. Es la política del doble rasero, de la doble moral que se ensaña con los países más débiles o aquellos que no están sujetos a la complicidad y el crimen de entidades como la OTAN, sus aliados en oriente medio, Asia o África.

Si para concretar los afanes hegemónicos de las grandes potencias y sus aliados regionales, especialmente Arabia Saudita y el régimen de Israel hay que incrementar el genocidio de los pueblos que se oponen a sus designios, apoyar a grupos terroristas takfiries: Daesh, Al-Qaeda en el Magreb, Al-Qaeda en Península Arábiga, Ansar al-Dine, Al-Shabab, Boko Haram entre otros, como lo han hecho hasta ahora en una labor hipócrita y criminal, lo seguirán plasmando con todo el costo humano que ello conlleva.

Esto, pues en esa zona del mundo los intereses energéticos, ideológicos, políticos y religiosos se conjugan bajo los nombres de petróleo, gas, neocolonialismo, Wahabismo y Sionismo en una amalgama cuyas víctimas principales son las sociedades del Magreb y Oriente Medio en especial Yemen que no sólo sufre la agresión de una potencia belicista como Arabia saudita sino que se ve impedida de poder atender las necesidades de su pueblo por el severo bloqueo a la cual es sometido, precisamente por aquellos que deberían bloquear, sancionar, presionar y exigir que detenga su matanza como es la casa al Saud.

 

  1. Desde la invasión contra el pueblo yemení, liderada por Arabia Saudí, cerca de diez mil personas han perdido sus vidas, por qué las Comunidades Internacionales en el contexto de intervenciones humanitarias no han hecho ninguna reacción positiva y eficaz para la prevención de violaciones de derechos humanos y la matanza de civiles en Yemen?

La operación liderada por Arabia Saudí,  Asifat al-Hazm “Tormenta Decisiva” al mejor estilo de las intervenciones estadounidenses en la zona, iniciad en marzo del año 2015 tiene un objetivo claro: mantener y ojalá consolidar la hegemonía que la monarquía wahabita, junto a sus aliados del régimen de Tel Aviv y Washington han mantenido en los últimos 50 años.

Una hegemonía que está siendo amenazada por levantamientos sociales que buscan derribar estructuras monárquicas arcaicas y gobiernos títeres de las grandes potencias. Arabia Saudí al atacar a Yemen lo que hace es agredir a un país soberano y ante ello la comunidad internacional no reacciona, entendiendo que los medios de comunicación occidentales suele hablar de comunidad internacional a aquella influenciada por las potencias occidentales y sus socios.

Una comunidad internacional cuyas instituciones no han sido capaces de actuar con decisión y valentía en apoyo y defensa de los derechos de la población, no sólo yemení, sino también de la sociedad siria, iraquí, del pueblo palestino, del pueblo libio entre otros. Yemen es una de las expresiones de esta doble mirada, de la justicia para unos y la ceguera, la mudez y la sordera cuando se trata de mirara agresiones como la que sufre Yemen.

La Casa Al Saud asesina civiles, destruye ciudades y el Consejo de Seguridad se mantiene mudo. Esa es una muestra del doble rasero, de la doble moral de una comunidad internacional que se mueve al ritmo de los poderosos y donde hemos visto que sólo la voz de Irán en la región se ha levantado condenatoria.

La política del silencio de occidente y el apoyo de la Liga Árabe, el régimen de Israel y Estados Unidos es la política de la hipocresía que hoy se materializa en Yemen, donde se justifica el crimen, la intervención y la destrucción de un país porque supuestamente un presidente ilegítimo solicitó la  intervención extranjera  en este caso de la Monarquía saudí con claros intereses en la zona y sobre todo aliado de regímenes totalitarios y violadores de los derechos humanos – , ocultando que al mismo tiempo que se quiere destruir al Movimiento Popular Ansarolá, se desea detener el apoyo que Teherán ha dado a los movimientos que efectivamente combaten el terrorismo takfirí, el mismo que es sustentado por los petrodólares sauditas.

Las instituciones internacionales han callado en forma cómplice, negándose a condenar al verdadero culpable de los crímenes en Yemen: una Arabia saudí decidida a no dejar escapar la “presa”  del dominio de la Casa al Saud que considera a Yemen su patio trasero. Y este ´régimen feudal, corrupto y criminal cree que si es necesario cortar de raíz toda maleza o hierba considerada contraria al “verde césped wahabita” Riad está dispuesta a utilizar todo su poderío bélico y el lógico veto de sus aliados de Washington, Inglaterra y Francia en el seno del Consejo de Seguridad o el silencio cómplice de la ONU, de la Unión Europea, de la Liga árabe y todo aquello donde su riqueza puede comprar conciencias. El plan parecía estar funcionado a la perfección pero con un gran inconveniente: la dura y clara respuesta de las fuerzas del movimiento popular Ansarolá que ha puesto un freno a los fanes agresivos de Arabia Saudita.

 

  1. Independientemente de los crímenes de derechos humanos de Al Saud en Yemen,Registro de derechos humanos de Arabia Saudita es deplorable en las dimensiones internas. La violencia contra las mujeres, violaciones de la libertad religiosa, política y social, la tortura y la violación sistemática de los derechos humanos de los chiitas en este país. ¿Por qué no vemos la presencia y la supervisión efectiva de las organizaciones de derechos humanos en Arabia Saudita?

No la vemos y no la vamos a ver porque los organismos internacionales que ven estos temas están manejados e influidos precisamente por los mayores violadores de derechos humanos del mundo. De países capaces de presionar y chantajear para que sólo se sancione o perjudique a aquellos países que los grandes poderes consideran violatorios de derechos humanos. Resulta tremendamente nefasta esta política de doble moral donde un país como Arabia Saudí considerada una de las principales monarquías violadoras de los derechos humanos de su población, sin derechos sociales para su población femenina, con una doctrina religiosa rigorista y totalitaria, que agrede a otros países que financia el terrorismo internacional, que genera situaciones de inestabilidad en zonas de Oriente Medio, del Magreb y Asia Central, sin que se frene tal conducta injerencista.

No veremos supervisión , control y condena mientras las potencias occidentales sigan siendo los principales socios de esta monarquía, sigan dependiendo del petróleo, las inversiones y la compra de armas multimillonarias que esta Monarquía corrupta usa como moneda de cambio: no se metan conmigo y mi billetera estará abierta para pagos de corrupción y silencio.

 

Arabia saudita obtiene el apoyo estadounidense y europeo porque parte de las economías de estos países dependen de los petrodólares y los fondos de inversión wahabí. Las inversiones inmobiliarias, los depósitos multimillonarios compran conciencias y también instituciones, tal como lo señaló el secretario general de la ONU quien señaló que uno de los momentos más obscuros de su gestión fue cuando tuvo que sacar a Arabia Saudí de la lista negra de países violadores de los derechos humanos, no sólo por la presión de la monarquía, sino de países como Estados Unidos, Francia e Inglaterra.

 

  1. EE.UU y Gran Bretaña han sido partidarios de la agresión de Arabia Saudita contra el pueblo indefenso de Yemen y con el apoyo política y militar, han desempeñado un papel significativo en la muerte de civiles en Yemen; Cómo evalúa usted la manipulación política de los mecanismos de derechos humanos por Occidente contra sus oponentes?

En señalado en trabajos anteriores con relación al tema de agresión contra Yemen que lo observado en la agresión saudí contra Yemen es la concreción de la política del silencio, de la hipocresía, donde se acepta por parte de las grandes potencias que un país aliado como Arabia Saudita agreda a un vecino, lo bombardee, genere hasta ahora 10 mil muertes, 70 mil heridos y con un 80% de la población total –conformada por 24 millones de habitantes– con necesidad de ayuda humanitaria y ello no hace reaccionar a una comunidad internacional, claramente cómplice de estos actos violatorios de los derechos humanos de la población yemení. Los organismos internacionales, tan dados a recriminar al gobierno sirio, al ruso, a Irán o cualquiera que no siga los dictados de la corriente hegemónica, no ha llamado en ocasión alguna a cesar la acometida de las fuerzas saudí. No se exige a Riad detener la destrucción de Yemen y el asesinato de sus ciudadanos. Y esta conducta tiene un claro responsable en el plano internacional: Estados Unidos, Gran Bretaña a lo que sumo Francia.

La política de exterminio del pueblo yemení a manos de la Casa al Saud sigue incólume, sin que la “comunidad internacional” intervenga y condene los crímenes de guerra cometidos por Riad: bombardeos de la población civil con armamento prohibido por las leyes de la guerra, que lo mismo atacan milicianos, bodas, escuelas, hospitales o aldeas. Se destruye la infraestructura, lo cual va desde las carreteras, centrales eléctricas, depuradoras de agua, instalaciones sanitarias. La idea es destruir el país y frente a ello observamos la misma actitud ciega, sorda y muda del mundo frente al régimen pro saudí de los Jalifa en Bahréin o los crímenes del sionismo contra el pueblo palestino.

Misma actitud complaciente frente a una Monarquía que es la gran responsable del surgimiento y desarrollo de los grupos terroristas que hoy tanto asustan a occidente como Daesh, Al Qaeda y el Frente al Nusra – actual Fath al Sham – . Y en ese marco, evidentemente existe una clara manipulación política de las instituciones y mecanismos defensores de los derechos humanos e incluso el ataque contra ellos, como ha sucedido contra hospitales manejados por la ONG Médicos Sin fronteras o Escuelas que sirven de refugios a las víctimas de la guerra, manejados por la ONU pero igualmente bombardeadas. La idea es generar terror, asignar responsabilidades a aquellos que defienden el país como Ansarolá.

Para la antropóloga Martha Mundy, en un interesante artículo afirma que “a través de silencio y de su respaldo a la Coalición que está bombardeando Yemen, la comunidad internacional avala la desaparición de todo marco legal en materia de guerra. Un precio muy alto a pagar por la victoria en un conflicto tan secundario, que no dispone de prácticamente ninguna cobertura mediática…” Hay que entender este silencio porque hay muchos intereses en juego, sobre todo de las grandes potencias. Yemen es un verdadero campo de experimentación, “la coalición que hoy agrede a Yemen supuestamente constituye la primera acción de la “Fuerza de Despliegue Rápido” del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, resultado de los consejos de asesores estadounidenses e israelitas.

Al parecer esta agresión se montó como un programa de entrenamiento para la guerra, concebido según el modelo de las agresiones perpetradas por Israel contra Palestina, o sea, una guerra que debe alcanzar sus objetivos por medios de bombardeos aéreos, pero sin la indignación internacional que provocan los crímenes de guerra de Israel”.

Para Mundy y el análisis más profundo sobre la agresión contra Yemen, así como las guerras libradas en Oriente Medio y el Magreb, visualiza que Yemen estaría siendo utilizado como campo de experimentación, laboratorio para la preparación de nuevas guerras –recordando en ello que el mismo Yemen sirvió de conejillo de indias en el uso de drones y el asesinato selectivo de personas con ciudadanía estadounidense- como fue el caso de Anwar al Awlaki, dirigente de Al Qaeda asesinado en el norte de Yemen, como también Samir Khan y cuyos crímenes fueron justificado por un memorándum del departamento de Justicia estadounidense, descalificado por una Corte Federal de Apelaciones en Nueva York bajo el argumento que “el gobierno estadounidense considera que es factible eliminar un objetivo, aunque sea estadounidense, considerándolo objetivo militar sin necesidad de juicio y si su captura no era factible”.

También se considera que la idea de Occidente a través del trabajo sucio efectuado por Arabia Saudita es concretar, finalmente, una Fuerza árabe de tarea –con la bendición de Washington, la OTAN y la Unión Europea- para proteger a las Monarquías feudales del Golfo Pérsico y en especial a la entidad sionista.

En ese plano, “restablecer” la paz en Yemen tiene objetivos más pedestres como es revitalizar el sur yemenita, en especial el puerto de Adén, que permita a su vez controlar la isla Socotra y el Estrecho de Bab Al-Mandab, que permitiría dominar el tránsito de petróleo por la zona y dominar estratégicamente lo que algunos autores defensores del dominio global occidental han denominado “el arco de la crisis” que va desde la india, pasa por las costas del sur de Oriente medio y llega la cuerno de África y cuyo objetivo general radica en controlar el 80% de las riquezas hidrocarburíferas que se ubican en esa zona. Y en ese objetivo para Estado Unidos y sus aliados bien vale manipular instituciones, organismos y todo tipo de institución defensora de derechos humanos, manipularlas en pos de objetivos geopolíticos mayores.

 

5 Comments

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